martes, 13 de octubre de 2009

Lencería explosiva bajo los velos

Hace unos meses atrás, 26 mujeres marcaron un hito en la historia femenina de Arabia Saudí al completar un curso de 10 días destinado a enseñarles a vender lencería.


Se trataba de satisfacer una demanda popular que ya se ha manifestado en varias protestas: si las saudíes no tienen derecho a hablar ni confraternizar con cualquier varón que no sea de la familia y todos los negocios comerciales son atendidos por hombres ¿por qué someterlas a la difícil tarea de discutir con un hombre anónimo el talle de su corpíño, la última moda en tangas o las novedades del mundo de la lencería?


No es de extrañar que este argumento haya ocasionado problemas sociales: debajo de los velos, las árabes son tan femeninas o más que el resto de las mujeres del mundo y gustan tener los modelos más atrevidos, aunque sólo los ojos de su marido puedan deleitarse con el resultado. Debajo de las abayas y velos se esconden tejidos delicados y osados diseños. "Cuanto más oculta, más sexy. Y cuanto más ligera de ropa, menos sexy"


La regla de 'cuánto más provocativa, mejor' no sólo funciona con las casadas. El deseo de atraer sexualmente [si bien sólo es aceptado en el contexto del matrimonio] es transmitido de generación a generación, al menos en el Líbano, gracias a una peculiar tradición: Cuando la novia se acercaba a la edad del noviazgo, comenzaba a comprar lencería y, antes de casarse, se la enseñaba a toda su familia".
Esa es una de las razones que llevan a miles de turistas del Golfo (Emiratos, Kuwait y Arabia Saudí principalmente) a veranear en Beirut (Líbano), paraiso del lujo y reducto de libertad en una región donde las transparencias, las medias de rejilla, los corsés y soutienes mínimos causan verdadero furor.


La industria regional, y en especial libanesa, en el campo de la lencería no tiene nada que envidiar a la europea. Marcas como K Lynn o Diamony realizan pases en playas de moda y resorts de lujo en la nieve para promocionar sus creaciones. Cuando se trata de aparentar, los libaneses no reparan en gastos, como tampoco hacen los árabes en general.

 "Las turistas vienen y no preguntan por el precio: sólo buscan las cosas más sexy que haya a la venta", "Las saudíes y las kuwaitíes pueden gastar entre 1.000 y 1.200 euros en cada visita". Les encantan los conjuntos de fantasía, confirmando que a más represión, más desinhibición íntima.

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